Descuidos inexcusables.

AVISO: El contenido de este artículo contiene imágenes que pueden herir su sensibilidad.

 

Todas las imágenes que publico en este artículo han sido tomadas de internet, pero ninguna a capricho, sino escogidas porque en las poco más de 1.500 obras en las que he participado de una manera u otra, las he sufrido muy de cerca.

 

La primera imagen es la que tengo detrás de la silla de mi despacho. Nos puede parecer que evoca tiempos ya pasados y que hoy en día, entre la seguridad obligatoria y los inspectores de trabajo, no se podría repetir.

 

Ningún riesgo es necesario.

Los toreros en las plazas de toros.

Los trapecistas en el circo.

Y los inconscientes al “loquero”.

Pero en la obra, totalmente seguro. Pues al riesgo en altura hay que sumarle la dificultad del trabajo, las condiciones meteorológicas, la antigüedad del sitio donde pisamos, un volumen excesivo de materiales y, sobre todo, el estado físico-mental del profesional.

Aún así suele ocurrir lo que yo denomino “Descuidos inexcusables”.

Debería estar prohibido el móvil.

Puedo parecer exagerado, puesto que por él recibimos órdenes de ejecución, nos ayuda a la comunicación rápida y fluida. Pero cada vez que suena, nos olvidamos de lo que estamos haciendo, concentrándonos en la llamada y caminando sin rumbo fijo.

He visto caídas de andamios, por el hueco de un ascensor, incluso el fallecimiento del padre de mi mejor amigo al pisar una placa de luz.

Ni cadenas ni anillos.

Os sorprendería saber la cantidad de veces que nos enganchamos en una obra, casi siempre de la manera más absurda.

Un compañero perdió el dedo al engancharse el anillo bajando de un salto de la caja del camión, y un amigo en el desmontaje de un andamio.

Ante los avisos: ni risas ni excusas.

No debemos olvidar que en este oficio un descuido puede tener graves consecuencias: trabajando en una obra a 12 metros por debajo de una torre de alta tensión, fuera de peligro y lejos del alcance del “arco eléctrico”, un montador alzó un remate de 6 metros para darle la vuelta. Por suerte no le costó la vida pues la descarga encontró salida, pero os aseguro que impresionaba ver reventadas las yemas de los dedos y el fuerte olor a quemado que desprendía, sin contar el destrozo de órganos internos que aún sigue padeciendo.

Por experiencia.

Yo mismo tuve una caída de más de 14 metros, producida por ser una rehabilitación en muy mal estado, y porque todavía no eran obligatorias las redes de seguridad.

Pero seguramente también influyó que era lunes y no había dormido suficiente, además de estar próximo el día de mi boda y tener “mil cosas en la cabeza”.

Por eso, dejadme que os diga que toda precaución es poca y lo más importante es llegar sanos y salvos a casa después de una dura jornada de trabajo.

 

 

 

José Antonio Lorenzo Pasero.

Jefe de Producción de Indafer.

Categoría: Seguridad
Puedes seguir los comentarios de esta entrada con un gestor RSS 2.0.
Puedes dejar un comentario, o realizar un trackback desde tu propia página.
Deja un comentario

XHTML: Se pueden usar las siguientes etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>