“Lavados de cara” – Parte II: y se hizo la luz…

La primera bombilla fue instalada en 1.879 y, a pesar de todos los avances en este sector, el ojo humano no consigue adaptarse durante largos periodos de tiempo a la luz artificial.

 

 

Aún así, la inmensa mayoría de las actividades que practicamos suelen realizarse en zonas cerradas, para despreocuparnos de las inclemencias meteorológicas y ser funcionales todas las horas de todos los días del año.

En la construcción, se han conseguido grandes espacios iluminados utilizando materiales que aportan luz natural, pero casi siempre en zonas públicas, estaciones de tren, zonas deportivas, museos, etc. Sin embargo, no solía contemplarse en la industria por ser materiales muy costosos, de corta vida útil y poco eficientes térmicamente.

 

Desde hace poco más de una década, esto ha cambiado drásticamente debido a la desorbitada subida energética y apoyado por materiales de nueva generación, en especial los policarbonatos, que no sólo consiguen cumplir con su propósito, “dar luz”, además son duraderos, económicos y ecológicos, siendo tan flexibles y pudiendo adaptar formas tan inverosímiles, que han conseguido que los arquitectos puedan plasmar sus proyectos del dibujo a la realidad.

 

Además, no sólo han sacado a los trabajadores de la penumbra, sino que han inundado las ciudades con miles de colores.

José Antonio Lorenzo Pasero.

Jefe de Producción de Indafer.

Categoría: Luz natural, Materiales
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