Castillo de naipes.

Los fallos detectados en cualquier construcción tienden a subsanarse rápidamente, intentando no perjudicar al resto del conjunto y asegurándonos de que el mal no vaya a mayores.

 

En el caso de la cubierta, nunca es así. Al detectarse humedades, ruidos, entradas de aire, etc, se suele contratar a un profesional de la construcción, que no siempre es experto en cubiertas.

Además, no suelen revisar los trabajos, ya sea porque las zonas afectadas tienen difícil acceso o excesiva pendiente, tendemos a confiar en la buena voluntad del personal contratado. Otras veces nos conformamos con enviar al señor de mantenimiento, acordándonos de que él “suele arreglarlo todo”.

 

No intente sujetar la estructura con contrapesos, existen argollas, abrazaderas, presas, estranguladores e infinidad de materiales, los cuales fijan mecánicamente con “espirros”, tacos químicos o simplemente soldados. 

 

Los sistemas de extracción y ventilación, deben estar totalmente homologados y el hueco de salida a cubierta, debe protegerse con remates acordes a sus características, nunca debe hacerse con tela asfáltica ni aluminio gofrado.

 

 

 

 

 

 

Cuando un material “se abomba” o se cuartea, no intente repararlo limitándose a aplicar otro producto encima, pues el daño está en el interior, busque la raíz del problema y actúe en consecuencia.

 

 

 

 

 

 

 

Para fijar placas, ya sean panel sándwich, chapa perfilada o fibrocemento, existen tornillos específicos para cada material que además de acerados, inoxidables y estancos, resultan económicos.

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